Analicemos los fenómenos existentes detrás del “frente de llama”. Sabemos que cuando un combustible líquido está en llamas, no es el líquido propiamente dicho el que arde, sino los gases o vapores que de él se desprenden. Luego hay una zona imprecisa, en la cual no hay combustible líquido, ni llama.
Precisamente en esa especie de “zona de nadie”, es donde se producen los fenómenos químicos sumamente complejos que se traducen en una “reacción en cadena”. Dicha reacción en cadena, consiste en la formación de unas partículas denominadas “especies activas” o radicales libres, que transitan desde el combustible, hacia el frente de la llama. Entonces, todo producto o elemento que interfiera en esa zona, anulando total o parcialmente el tránsito de dichas especies activas, será considerado como un “supresor” y su forma de actuación será por supuesto química. Llegamos entonces a un concepto de fundamental importancia: disminuyendo el traslado de especies activas entre el combustible y el frente de llama, se logra atenuar o suprimir la combustión. Así se explica este extraño mecanismo que logra una elevada eficacia.
Los polvos químicos secos reciben varias designaciones, aunque se refieran al mismo tipo de producto. Se pueden encontrar, tanto en el mercado como en la bibliografía, como polvo químico (ordinarios), polvo químico seco o, simplemente, como polvo BC (para agentes extintores eficaces en la extinción de fuegos del tipo B y C). También existe el denominado polvo polivalente, multipropósito o polvo ABC que son referidos a aquellos que actúan sobre estos tres tipos de fuego: A, B o C.
Las sustancias extintoras utilizadas como polvo químico son sales inorgánicas finamente divididas. Los laboratorios que los fabrican dan mucha importancia a este aspecto en la fabricación de estos productos porque, entre otros factores, cuanto mayor es la subdivisión que se logra mayor es la superficie de contacto por unidad de peso de extintor lanzado y por ende mayor es la actividad química del agente su potencial extintor.
La mayoría de los polvos secos comercializados están compuestos por alguna de las siguientes sales químicas:
A estos componentes básicos suele agregársele aditivos para mejorar sus propiedades, estando entre los más comunes utilizados: estearatos metálicos, fosfato tricálcico, siliconas y otros productos que mejoren las características de fluidez, permitan una baja absorción de humedad (anti higroscópicos) y proporcionen un buen aislamiento eléctrico. Además, como cubren a la partícula extintora, aumentan su resistencia a la compactación por vibraciones y formación de costras por humedad que pueda estar contenida en el seno del propio polvo.
Los polvos suelen ser alcalinos, a excepción del fosfato monoamónico cuyo residuo es ligeramente ácido ante la acción del fuego. En consecuencia, debe evitarse este compuesto en aquellos casos en que la acidez resultante pueda dañar a equipos o muebles.
La aplicación de polvos, en general, no presenta toxicidad. Sin embargo, en casos de descargas importantes, pueden originar trastornos respiratorios y dificultar la visibilidad.
Son malos conductores de la electricidad, de ahí que resultan aptos para utilizarlos en equipos
que están sometidos a tensión eléctrica durante el incendio.
Como extintores, los polvos químicos actúan con los siguientes efectos:
La propiedad principal es la inhibición. Cuando se descarga el agente sobre las llamas, los compuestos liberados se combinan con los radicales libres e impiden que éstos continúen la combustión. Es, quizás, el efecto más importante en la extinción con polvo, sobre todo en los del tipo para fuegos de combustibles líquidos o gaseosos.
Tienen, aunque no es un factor primordial, cierto efecto de apantallamiento de la radiación térmica al proyectar una nube de polvo sobre el fuego. Este efecto es muy importante al punto que, en los ensayos de laboratorio, se ha comprobado que es superior al observado durante una proyección de agua de similares proporciones.
A fines didácticos debe admitirse que también producen enfriamiento, ya que absorben calor, aunque este efecto es prácticamente despreciable.
Y, finalmente, actúan por sofocación en el caso del polvo polivalente o ABC empleado sobre fuegos de combustibles sólidos ya que, al descomponerse por efecto del calor, produce ácido meta fosfórico un residuo pegajoso que cubre la superficie en combustión y aísla el contacto del combustible con el oxígeno del aire. No obstante, como los combustibles sólidos generan brasas, es conveniente aplicar agua una vez extinguido el fuego, ya que los polvos no tienen penetración al interior de la masa combustible.
Para resumir este punto, las propiedades extintoras de los polvos se desarrollan de la siguiente manera: su principal acción frente al fuego es la interrupción de la reacción en cadena al combinarse con los radicales libres, sin dejar de ser importantes la sofocación y el apantallamiento. En menor incidencia, también actúa muy débilmente con el efecto de enfriamiento.
Entre los tipos de agentes químicos secos más conocidos podemos mencionar:
Los de bicarbonato de potasio, que resulta alrededor de dos veces químicamente más efectivo que la sal de sodio para el mismo valor de descarga en kilogramo/segundo. Esta ventaja se le atribuye al más bajo potencial de ionización del potasio.
Los de bicarbonato de sodio son especialmente recomendados para fuegos de materiales aceitosos y grasas dado que reaccionan con dichos materiales teniendo un efecto de saponificación superficial que evita su reignición.
Ambos tipos de polvos son usados con éxito en la extinción de fuegos de líquidos combustibles y gas (clase C) como en fuegos que afectan a equipos eléctricos.
Los de cloruro de potasio, que, si bien presenta una efectividad similar a los bicarbonatos, poseen un grado de corrosividad que hace que requieran una rápida limpieza tras su aplicación por lo que su uso está restringido sobre todo a componentes electrónicos.
Las sales de fosfato amónico son usadas en las formulaciones de los agentes multipropósito, conocidos como polvos triclase (ABC), por su acción extintora sobre fuegos clase A, B y C, dando además protección contra riesgo eléctrico, con la salvedad de limitar el uso hasta varios miles de voltios. (1000, 30000 y 50000 dependiendo del fabricante)
Estos agentes tienen como base un fosfato monoamónico cuyo efecto sobre fuegos B y C es similar a la de otros polvos. No obstante, no presenta características saponificantes de grasas y aceites, por lo que no debe ser usado en fuego de este tipo de materiales.
A diferencia de otros químicos secos, posee una considerable acción extintora sobre los materiales sólidos de fuegos tipo A, dado que el calor lo descompone formando un manto inerte denso que actúa evitando la entrada de oxígeno, para la propagación del fuego. Se acepta que el polvo químico seco ABC, es cuatro veces más potente como extintor que el agua para fuegos clase A.
Afortunadamente, para facilitar a los usuarios corrientes el no tener que ahondar en el tema de discernir qué tipo de fuego se les presentaba y disponer de un extintor que sirviera para casi todos los usos que se pudieran presentar más habitualmente, se estandarizó y popularizó el extintor de polvo multipropósito ABC.
Finalmente para resumir el tema, podría concluirse que según los diferentes tipos de fuegos: combustibles sólidos (A), líquidos y gaseosos (B y C), materiales sometidos a tensión eléctrica, metales (D) ó grasas vegetales (K); los polvos extintores pueden entonces clasificarse en cuatro grandes grupos: